Entre los tres y cinco años, los niños comienzan a adquirir nociones fundamentales de respeto, justicia, empatía y solidaridad. Es en este periodo del preescolar que se presenta el momento ideal para que los padres refuercen los valores aprendidos en la escuela. ¿Cómo hacerlo? Aquí algunas ideas generales:
A continuación, se describen 8 juegos que pueden realizarse en casa o en el aula con materiales sencillos y un enfoque participativo.
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En una caja decorada guarda papelitos con el nombre de diversos principios como sinceridad, paciencia, gratitud, humildad, respeto, responsabilidad, solidaridad, compromiso, etc.
Después, deja que tu hijo saque un papelito y entre los dos construyan una breve historia que ejemplifique lo que haya salido en el papelito. La dinámica les atrae por el factor sorpresa y contribuye a que relacionen principios con acciones concretas.
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Se plantean diferentes escenarios en los que sea importante destacar algún valor, como “acompañar a un familiar que se siente solo” o “alguien que reconoce un error y pide perdón”.
Los pequeños junto con los papás asumen distintos roles y actúan la escena. Después, comparten qué sintieron en cada papel. Esta dinámica permite vivenciar perspectivas diversas y cultivar la empatía de manera activa.
Esta dinámica se puede realizar a la par de otras actividades. Se necesitan varias tarjetas de colores verde, amarillo y rojo.
Cuando alguien interrumpe o grita, se muestra una tarjeta amarilla; si respeta turnos y escucha, se reconoce con una tarjeta verde; pero si alguien transgrede algún límite importante obtiene una tarjeta roja que implica darse un momento para reflexionar qué fue lo que se hizo mal.
Estos juegos de respeto facilitan que se interioricen límites claros sin recurrir al castigo.
Después de una revisión de los diversos principios y valores que hayan aprendido en la escuela, se realiza una lista de los mismos.
Luego, al ver sus caricaturas o películas favoritas deben entrar en “modo detective” para identificar los valores que lleguen a representar los personajes. Si los encuentran, tienen que palomear la lista hasta encontrar todos los principios.
Antes de dormir, lee a tu hijo un pequeño cuento, fábula o historia. Al comenzar, pídele que ponga atención para encontrar la moraleja que enseña la narración. Al final pregúntale si pudo identificarla y si no, ayúdale a descubrirla.
Cada jugador (niño y adulto) dibuja un retrato del otro, pero con una regla: el dibujo debe incluir algo que les guste de la forma de la forma de ser del otro. Al finalizar, cada uno explica qué dibujó y por qué lo eligió.
Este juego ejercita la empatía porque invita a ponerse en el lugar del otro y a reconocer lo positivo que aporta a la relación. Además, nutre el vínculo afectivo y la autoestima de ambos.
Para este juego, debes preparar varios pares de tarjetas; en una, se muestra una ilustración de una acción y en la otra, una palabra relacionada con el valor (amistad, respeto, gratitud). Entonces se revuelven y se colocan todas boca abajo.
El niño voltea dos en cada turno y busca formar las parejas correctas. Al encontrar cada par, se comenta juntos qué es lo que representa y por qué es importante.
Se traza un camino en el piso usando cinta adhesiva o gis. Cada casilla tiene un concepto que representa una acción positiva (donar juguetes, decir la verdad, pedir permiso, consolar).
Tu pequeño avanza con la ayuda de un dado y, al caer en cada casilla, debes proponerle un reto o pregunta vinculada al concepto (por ejemplo, “imita cómo consolarías a mamá en un día triste” o “¿cuándo fue la última vez que dijiste la verdad?”). El recorrido finaliza con un aplauso o una pequeña celebración.
Enriquece el aprendizaje lúdico de tu pequeño con materiales, cuentos o juegos de mesa con temática de valores. Puedes encontrarlos en internet o en tiendas especializadas en materiales didácticos y juegos infantiles.
Enseñar valores en preescolar implica mostrar atención constante, coherencia en los mensajes y disposición a escuchar con paciencia y cariño.
Además, la conexión entre la escuela y el hogar es muy importante, ya que cada uno de estos espacios refuerza lo que el otro enseña. Cuando familia y escuela colaboran, los niños encuentran referencias sólidas con las que estructuran su sistema moral paso a paso.
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